La
vida es muy diferente para cada uno, el camino a recorrer es distinto, las
lecciones a aprender unas para cada ser y las situaciones a vivir todo un
misterio. A mis 28 años he aprendido muchas lecciones importantes para poder
hacer frente a lo que el futuro me depare, y muchas otras que aun debo vivir
para enriquecerme de ellas, sin olvidar con las que ahora estoy lidiando. Una
de ellas es que todo pasa por alguna razón, aunque nunca descubras él porqué,
si pasó era porque así debía de ser. Soy un ser tan racional como pasional, y
descubrir el porqué de las cosas siempre me ha inquietado, pero con el tiempo
aprendí a resignarme en mi búsqueda, ya que hay porqués que nunca se descubren,
y debemos aceptar nuestros límites.
Un
hecho a destacar hoy es una lección que aun no he aprendido… una curiosidad a
compartir.
Cuando
la vida me ha brindado un revés difícil, el golpe ha sido duro pero enseguida
me activé a buscar alternativas, soluciones, caminos, opciones… aceptando
“ciegamente” esa experiencia como mía para poder hacerle frente lo antes
posible. Curiosa reacción de las personas delante de situaciones difíciles…
Ahora comentar la situación inversa:
Cuando
la vida me ha dado un regalo, una nueva oportunidad, una buena noticia, recompensa,
consideración, reconocimiento… es cuando enseguida reaccione dudando, con
inseguridades, miedos, analizando la situación para ver si eso “bueno” puede
estar sucediéndome. No acepto “ciegamente” esa situación viviéndola plenamente
y haciendo todo aquello para disfrutarla con todo mí ser.
¿Por
qué? Esta es otra pregunta que he analizado e intentado comprender, y me entristece
la conclusión a la que he llegado.
Como
una buena maestra me dijo:- Las personas
estamos acostumbrados a aprender sufriendo, y en ocasiones cayendo muchas veces
en el mismo error.
Estamos
tan acostumbrados a que las “desdichas” nos sucedan que las tenemos integradas
en nuestra realidad como algo “natural”. Nuestro ser sabe cómo reaccionar (en
los mejores de los casos, muchos otros aun no lo han aprendido, o simplemente
erran en sus decisiones), qué actitud adoptar, creando unos escudos para no
perder fuerzas y enfrentarte a la situación lo más rápido posible. Estos
escudos son los culpables de que nuestro ser sufra por guardarte muchos
sentimientos, cuyos a lo largo somatizamos físicamente. Este caso claro está, no es aplicable a todas las personas, hay
gente más “afortunada” que dicha lección no ha tenido que vivir, pero muchos
mortales sí. Algunos de los menos afortunados aprendimos a buscar recursos para
arreglar los problemas, otros aun lo tienen como lecciones pendientes. Pero sin
demorarme de mi objetivo, me entristece mucho que mi ser esté más acostumbrado
a enfrentarse a las situaciones negativas que positivas.
Cuando
algo bueno me sucede no doy crédito a ello, en ocasiones hasta me bloqueo, me
siento insegura y no sé cómo reaccionar. Ojalá logré integrar en mi ser la
mejor reacción ante algo bueno, hecho que demostrará que habré vivido muchas
cosas buenas, ya que aprendemos a base de superar pruebas, y está es de las
pocas que estoy dispuesta a experimentar. Quiero vivir situaciones buenas para
poder aprender a ser natural ante ellas, ¿y quién no?