Sanar heridas
Cuando desnudo mi alma y dejo que ella escriba, es
cuando el corazón toma voz en mis palabras y construye magnificas verdades que
no se ni como surgen de mí.
Antes era un rincón que solía frecuentar, la hoja en
blanco, la música de fondo y yo conmigo misma, con mis sueños, pesadillas, miedos…
Mis dedos tecleando o mi mano sosteniendo un bolígrafo, pero era terapéutico,
sanador y gratificante. Era capaz de dar forma a lo que pasaba en mi interior, cosas
de las que no era ni consciente, sentimientos que tenía tan reprimidos y
cerrados que había olvidado, pero hay estaban, sumando peso a mi alma para que
la carga aumentara y me sintiera más cansada sin saber el porqué. Algún que
otro dolor, un bajón o un día malo. Iban asomándose, pero no los reconocía, y
ese ha sido un error que sigo cometiendo…
La verdad es que me da bastante miedo pararme a sentir, a escucharme y dejarme llevar, porque sé que será cuando de nuevo sienta y lo pase mal.
La verdad es que me da bastante miedo pararme a sentir, a escucharme y dejarme llevar, porque sé que será cuando de nuevo sienta y lo pase mal.
Mi consciente es el responsable de pensar de forma
fácil y ayudarme a encerrar aquello en lo que es mejor no pensar mucho, genial
porque he aprendido a no comerme la cabeza con muchos problemas, pero fatal por
la parte que comporta el superarlos, me explico.
Con el fin de poder sobrellevar mejor las situaciones
en el momento que suceden es cuando le doy mil y una vueltas para buscar todas
las posibles soluciones, alternativas y posibilidades. Es entonces cuando lo
sufro en primera persona y mi cabeza explota de tantas vueltas dadas, pero una
vez ya he realizado ese análisis y la cosa “avanza” mi consciencia lo
simplifica hasta la mínima expresión posible, encierra los sentimientos que me
pueda generar permitiéndome seguir adelante sin sufrirlos. Suena genial pero no es factible según a la situación/problema a la que haga
referencia.
Si algo se es que para superar cualquier “obstáculo”
en esta vida hay que sufrirlo, debes llorarlo, enfadarte, pasar malos días…
Debes vivir los sentimientos o reacciones consecuentes a ese “obstáculo”. Eso
nos ayuda a ir sanando las heridas y nos permitirá poder volver a levantarnos
fuertes y enfrentarnos de nuevo a la vida.
Si no dejamos que sanen y hacemos como si no dolieran podemos “desangrarnos”. Llegará ese día en el que explotarás sin razón aparente debido a tantas heridas abiertas de las que ya no te acordabas. Resurgirán de las profundidades todos esos sentimientos que habías enterrado, te ahogaran sin darte tiempo a reaccionar y quizá no sepas reaccionar...
Si no dejamos que sanen y hacemos como si no dolieran podemos “desangrarnos”. Llegará ese día en el que explotarás sin razón aparente debido a tantas heridas abiertas de las que ya no te acordabas. Resurgirán de las profundidades todos esos sentimientos que habías enterrado, te ahogaran sin darte tiempo a reaccionar y quizá no sepas reaccionar...
A veces se nos olvida que tenemos derecho a estar mal,
tenemos derecho a estar tristes y perder alguna sonrisa. Tenemos que pararnos a
sentir para poder resurgir de nuestras cenizas, debemos mirar de frente al
problema, sentir ese escalofrío que te corta la respiración, y enfrentarte a él
sin miedo. Nos quedarán cicatrices como recordatorio de lo que pasó, pero lo
habremos superado. Si no te enfrentas y solo lo entierras, no nacerá de ello
nada nuevo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario